viernes, 28 de enero de 2011

Sentimientos inapropiados…

<<Por querer alargar la ternura del momento. Un halo de cariño nos abraza. Tú y yo. Respiro de tu boca, libas de la mía. Acaricio tus tenues mejillas, apurando cada beso, por si algún día te vas. A tus labios encadeno mi dependencia y, desnudos, consumamos el amor. ¿No sería perfecto llamar a la eternidad? Acogerte en mi pecho para siempre…>>

                El sueño termina y despierto con un retazo de Morfeo horadándome las entrañas. Trago saliva intentando coger aire con  normalidad. Intentando evitar la molestia de pensar en ti. De recordar el sueño, caer en la tentación de cerrar los ojos y al despertar volver a adolecerme. Me desarmas. Soy vulnerable a ti.

                Intento volver a la realidad, hacer desaparecer tu aroma de entre las sábanas. ¿De qué me sirve fingir…? Si te veré. Y volverá a desbordarse el alma, sin poder reprimir nada más. Suficiente lo que ya aguanta…
                Intento recuperar mi vida ordinaria. Cambio mi semblante por uno indiferente. Sí, hoy te veré.

                Mis pasos tiemblan. Camino nervioso, porque hoy siento que no podré mantener la compostura. Mis pies ya lo predicen. En cualquier momento caeré…
                Allá, a lo lejos, distingo tu silueta. Me acerco. Me ves y sonríes, tierna y tímidamente… Vuelvo al sueño. Donde prometemos, con el mismo gesto, que nos queremos. Intento arrancarme el pensamiento de lo dulce, de lo que quiero… de lo irreal.  A tres pasos de ti, entro en un mundo donde sólo estamos tú y yo.

                La verdad no me lo esperaba. Alzaste la mano y me tiraste de un mechón. No nos quedó otra que reír. Pero… cuando fui a apartar tu  mano, llegó el tacto. Adiós razón… adiós cordura. Sólo la acaricie, una y otra vez, haciendo que ella también se pasara por mis mejillas. Tu semblante cambió. Preferí no percatarme.
                Una vez preso de la inconsciencia… lo hice… Acerqué nuestros rostros, incliné la cabeza y en un ataque de extroversión, locura, infantilismo por seguir siéndole fiel a mis sueños, o como quieras tú llamarlo… te besé. Busque en esos labios, inocentes y puros, el verdadero camino de la felicidad… ¿seguro? Apuré el poco tiempo que duró, mi alma se deshizo de todos los grilletes y voló.
                Nos apartaste violentamente. Tu cara dibujaba una mueca de desagrado y tus ojos arqueaban…odiándome… No reaccioné. No podía, no quería… quién sabe. Bajé la vista, clavándola en el suelo. Más bien dentro de mí. La nitidez se desgastaba y cuando quise alzar la cabeza de nuevo, me costó ver. Pero lo sabía. Sabía que ese eras tú. Lo último que pude ver de ti fue tu espalda. Y cada paso con el que se alejabas de mí era como una aguja de hielo enquistándose en mi pecho. En cada lágrima te veía. Y puede que fuera esa imagen la que salaba mi boca. Donde dejé una herida, ardía… Por muchas que cayeran, seguías estando ahí…

                Empezó a llover. Miré al cielo apenado de mí, ayudándome a esconder mis llanteras. Entre plañidos me hizo sonreír. ¿Era esto lo mejor? ¿Para quién…?
                Te perdí, por no perderme a mí mismo. Grito palabras que no llegas a oír. Te quiero, te amo… Chillo entre gemidos; que aún estoy soñando:
                <<Ven, amor, tengamos una vida feliz… los dos juntos…>>
Vuelvo en mí… Quizás estos que me hacen llorar sólo sean sentimientos inapropiados…