Invierno. Entre una hilera de coches y pared, los adoquines están desgastados, como si recogieran cada paso, como si me recordaran que yo también desgasté esta calle. Camino despacio, sin prisa alguna. El mundo aún no ha despertado y me siento con permiso para tomarlo; para hacerlo mío y con toda la confianza poder ser yo.
No hay nadie que pueda decirme que no estoy solo…
Cae despacio y sutilmente. Sí, nieva. La hiel me abraza sin notar contraste. Me paro y miro al cielo. Oscuro, imponente, eterno… Soy menos que un copo de nieve… y por mucho que se unan dos, siguen siendo igual de volátiles.
Aun así sonrío…
Miento. Porque no me puede arropar el frío. Porque busco las caricias del fervor. Porque te quiero a ti… y aún no has despertado. Como la realidad que en mi cabeza dormita. Y el letargo pinta eterno…
¿Alguien tuvo alguna vez constancia del tiempo? Amor, haz de mi tiempo algo corto y fluido… Porque sabes que a tu vera todo pasa deprisa, queriendo alargar el final me adolezco sabiendo que no puedo.
Me siento dependiente… me siento roto e inútil. Que sólo puedo quererte… desearte… Estar a tu lado y sonreír por lo superficial, no por lo que de verdad me gustaría. Te miro en mis recuerdos y tus ojos no se apartan... y sé que nunca lo harán…
Porque siempre estarás ahí…
-Me llamo Isaac.
Nos estrechamos la mano. Pierdo la vista en sus fracciones. También es casualidad que se llame igual que él…
-Yo soy Ander.
Tengo que reconocer que es guapísimo. Pelo corto castaño, ojos igual de claros, la barba le ladea el contorno de la mandíbula y se juntan debajo del labio. Su cuerpo es flaco pero luce rígido y su estilo diferente, propio.
No cabe duda de que es atractivo. Sí, puede que me haya embelesado a primera vista.
Nos sentamos en la mesa a comer. No estamos cerca, ni siquiera solos… ¿o sí? Creo que jugueteamos… Sí, los dos nos miramos cuando el otro aparta la vista y seguro también que los dos sabemos que lo estamos haciendo.
Buscamos conocernos. La palabra es fútil, pero la intención clara. Conversamos, mientras disimulo que no afecta que seas tú.
Oh, dios. Nos acabamos de conocer, no puede pasarme tan rápido… esto de… ¿enamorarme? Es sólo gusto. Eres guapo…nada más…
Siguiente parada; la casa de mi amigo. Esta vez sólo vamos tres. Estamos en su habitación. Como de costumbre acaparo el ordenador mientras Miguel prepara algo para picar. Isaac está sentado a mi lado. Me conecto… ¡Está él! “Izzie”.
Empezamos a charlar. Las teclas se pulsan rápido, pero más rápido se procesa la siguiente frase.
Isaac me pregunta quién es. Le contesto. Sí… incluyendo que se llama como él y que en sí es el chico que me gusta. Seguramente eso reduzca a cero las probabilidades de llegar a tener algo con él, pero tengo que decirlo. Puede que sea la persona que me haga latir.
Al rato, noto la mirada de Isaac de pleno en mí. Miguel sigue en la cocina. Le devuelvo la mirada, como cuestionando qué quiere. Entrecierra los ojos… es muy atractivo. Me acaricia las mejillas. No me lo espero y por cómo se calientan supongo que he sonrojado. Sonríe. Se acerca más a mí y empiezo a ponerme nervioso.
Mis labios atraen los suyos y están a medio palmo los unos de los otros.
-¿Crees que puedo competir con Izzie?- me pregunta con voz lasciva, vacilando con sus gestos, amagando acercarse más.
Es obvio por qué lo dice, pero no llego a creérmelo. Es imposible. Es irreal. Igualmente tengo que contestarle.
-En cierto modo tú le tienes ventaja. Tú estás aquí y él vive en otra ciudad, muy lejos de aquí.- intento no gesticular y expresar alguna emoción de nervios.
-Ventaja, ¿eh?- Cierra los ojos.
Intenta borrar distancias entre nuestras bocas. El medio palmo se hace escasos centímetros. Quiere besarme… Voy notando su respirar. Tengo sus labios, finos y sensuales a mi merced. Mi mirada también se entorna, inconsciente. Ladea un poco la cabeza y termina de embriagarme un último soplo de aire.
-El que tiene ventaja, no siempre gana.
Anocheció, así que tuvimos que separarnos y volver a casa. Ahora, que estoy sentado en un vagón del tren, pienso en por qué. .. ¿Por qué no he podido despedirme de él? Ni un adiós. Ni otro estrechar de manos. Nada. ¿Será por algo en concreto?
Tonterías. Ha sido casualidad y despiste mío. Agito la cabeza intentado borrar esas ideas. Cierro los ojos y suspiro. Pongo música para amenizar el viaje. Aún queda mucho hasta casa y no quiero pensar en nada.
Salgo de la estación y me encamino hacia mi casa. Miro el cielo. Es invierno, a pesar de ser el cielo negro, son las tantas de la mañana.
El mundo aún no ha despertado y mis pasos siguen desgastando este camino…
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